FABULA DE UN BOSQUE PRIMITIVO

En esta pieza, la artista utiliza el género de la fábula para proponer una moraleja visual sobre la jerarquía del poder planetario. Pintada en el corazón del bosque bajo la modalidad plain air, la obra presenta un contraste de escalas radical: una metrópolis hipermoderna, inspirada en la arquitectura de Dubai, aparece reducida a una escala ínfima frente a la monumentalidad de los árboles. Es un recordatorio de que, frente a la fuerza ancestral de la naturaleza, toda civilización es transitoria.
Acrílico sobre lienzo
70 x 90 cm
2021

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La Escala de lo Efímero: Geopolítica y Naturaleza en «Fábula de un bosque primitivo» Fábula de un bosque primitivo es una obra de realismo crítico que sitúa al espectador en el centro de una tensión dialéctica entre nuestra civilización y la soberanía de la naturaleza. Al llevar su caballete al interior del bosque, la artista captura la atmósfera de un entorno que ha permanecido inalterable durante milenios, utilizándolo como escenario para una advertencia visual sobre la fragilidad de nuestra existencia El elemento disruptivo de la pintura es una ciudad ultra-tecnológica que emerge entre las raíces y troncos. Inspirada en los rascacielos de Dubái —símbolo máximo de la opulencia y el dominio humano sobre el desierto—, la urbe se presenta aquí con una escala diminuta, casi ornamental. Este juego de proporciones despoja a la ciudad de su poder, convirtiéndola en un juguete frente a la arquitectura orgánica del bosque primitivo. La moraleja es clara: por más destructiva o avanzada que sea la intervención humana, siempre será un suspiro en comparación con la longevidad de la Madre Tierra. La Técnica Plain Air como Declaración El hecho de que esta obra fuera ejecutada directamente en el bosque refuerza su mensaje. La luz, las texturas y el aire que envuelven la pintura provienen de la fuente original de poder que la artista busca exaltar. No es una representación teórica del bosque, sino un registro de su fuerza. La obra nos invita a reflexionar sobre nuestra posición en el cosmos, sugiriendo que la verdadera «grandeza» no se construye con acero y cristal, sino que reside en la capacidad del ecosistema para regenerarse y prevalecer por encima de cualquier delirio de grandeza humano.
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