Pintada en el corazón de la Cachoeira Encantada en Brasil, esta obra captura la exuberancia de la selva en su estado más puro. Sin embargo, la roca que sostiene a la artista aparece intervenida por circuitos integrados, sugiriendo que incluso en los refugios más remotos de la biósfera, la huella de la virtualidad y la tecnología comienza a reclamar su espacio.
Acrílico sobre lienzo
33 x 50 cm
2020
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En Presagio I y Presagio II, la artista explora la frontera entre lo orgánico y lo binario. Ejecutadas durante un viaje a las costas de Centroamérica, estas obras capturan la belleza clásica de un atardecer marino para luego «hackearla» visualmente. La introducción de diagramas de circuitos electrónicos sobre la arena y la roca, actúa como un recordatorio de que la mirada contemporánea está inevitablemente atravesada por la interfaz digital.
El Paisaje como Hardware Inspirada por la noción de una realidad prefabricada —similar a la escenografía revelada en el cine de finales de los 90—, la artista dibuja sobre la naturaleza la infraestructura oculta de la modernidad. El circuito integrado no es aquí una herramienta de progreso, sino una marca de propiedad: la señal de que incluso los espacios más salvajes están siendo mapeados, procesados y, en última instancia, virtualizados. El contraste entre la calidez del atardecer y la frialdad del diseño tecnológico subraya la creciente desconexión del ser humano con sus ritmos biológicos.
Pequeño Formato, Gran Mensaje A pesar de sus dimensiones reducidas, el díptico posee una carga conceptual expansiva. Al pintar en el lugar (plain air), la artista establece un vínculo físico con el entorno que la tecnología intenta emular. Esta serie nos invita a preguntarnos: ¿Es el paisaje un mundo real o es simplemente el «fondo» de una interfaz que habitamos sin darnos cuenta? Presagio es una invitación a desconectar el circuito para volver a sentir el pulso de la marea.