Esta obra maestra es un universo surrealista que descompone la realidad y ofrece un recorrido por las infinitas posibilidades de la imaginación.
Acrílico sobre lienzo
120 x 140 cm
2007
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El Árbol de Tejo se presenta como un territorio de confluencia entre tradiciones, tiempos y sistemas de creencias diversos. La obra no propone una síntesis cerrada, sino un espacio de cruce donde lo ancestral y lo contemporáneo, lo visible y lo invisible, lo natural y lo espiritual coexisten en tensión poética. El tejo, árbol asociado históricamente a la muerte, la transformación y la protección, funciona aquí como eje simbólico y como figura de mediación. Su presencia no remite únicamente a una especie vegetal, sino a una memoria cultural expandida, cargada de mitos, rituales y narrativas transmitidas a lo largo de generaciones. En este sentido, la obra se inscribe en una lógica sincrética: no como superposición decorativa de símbolos, sino como experiencia viva de entrelazamiento cultural. Desde una mirada íntima, la artista sitúa este árbol en un umbral sensible, donde la naturaleza deja de ser fondo o paisaje para convertirse en sujeto activo de significación. El espacio pictórico se transforma así en un campo de resonancia interior, donde identidad, territorio y espiritualidad dialogan sin jerarquías fijas. La obra propone también una experiencia de contemplación activa: un recorrido visual donde el espectador es invitado a detenerse, descubrir capas simbólicas, reconocer detalles minuciosos y dejarse sorprender por la densidad de sus formas. Ese tránsito convierte la observación en un viaje imaginario, progresivo y envolvente, en el que cada elemento revela nuevas asociaciones y lecturas posibles. Más que representar un árbol, la obra propone habitarlo: atravesar sus silencios, sus pliegues simbólicos y sus densidades temporales. En esa travesía, el espectador es invitado a reconocer sus propios cruces, memorias y formas de pertenencia.