Ancestral es una obra de gran formato (180 x 100 cm) que captura la esencia indómita de la Cueva de las Manos, Santa Cruz, sitio declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Pintada originalmente en 2009 tras una expedición de observación directa en la estepa patagónica, esta pieza equilibra un realismo geográfico meticuloso con sutiles matices surreales. Una obra que trasciende el paisaje para convertirse en un testimonio sagrado, actualmente parte de una colección privada en Wisconsin, Estados Unidos.
Acrílico sobre lienzo
120 x 180 cm
2009
«Esta obra original pertenece a una colección privada.
Sin embargo, es posible encargar una edición limitada en impresión Fine Art (Giclée) de esta pieza. [Consultar por ediciones disponibles a través del icono de WhatsApp al pie de página]»
La obra titulada «Ancestral» constituye un hito fundamental en la trayectoria de la artista, siendo el resultado de una inmersión profunda en uno de los escenarios más sagrados de la Patagonia argentina: el área protegida de Cueva de las Manos, en la provincia de Santa Cruz. Este acrílico de gran formato ($180 \times 100$ cm) nació bajo el desafío de un certamen binacional entre Chile y Argentina, lo que exigió un realismo técnico estricto, aunque la sensibilidad de la autora terminó permeando la tela con una atmósfera sutilmente surrealista y simbólica.El proceso creativo fue una verdadera odisea física y espiritual desarrollada en el año 2009. Tras una etapa de producción dedicada a las playas de su infancia (las obras «Eternidad» y «Destino»), la artista continuó su viaje hacia el cañadón del río Pinturas. Allí, permaneció una semana conviviendo con la estepa, realizando bocetos del natural bajo la constante presión de los vientos patagónicos que amenazaban con desplazar sus lienzos y materiales. La obra se nutrió de una observación empedernida del macro y micro paisaje, capturando mediante el uso del acrílico desde la inmensidad de las mesetas hasta el detalle más ínfimo de la flora autóctona.Un elemento místico de esta experiencia fue la interacción con la fauna local; los guanacos, curiosos ante la presencia de la pintora, se acercaban a observar el proceso de creación, integrándose no solo en el entorno, sino en la memoria viva de la pieza. «Ancestral» no es solo una representación geográfica; es un homenaje a los ancestros tehuelches, cazadores-recolectores que hace más de 9,000 años plasmaron su huella en las rocas. La pintura logra transmitir la energía de este sitio sagrado, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.A pesar del rigor descriptivo de la fauna y la orografía, la obra desprende una vibración atemporal. La luz de la estepa y la paleta de colores tierra conectan el pasado nómade con la expresión contemporánea. Esta pieza, de factura técnica detallista y cargada de un simbolismo implícito, fue adquirida casi de inmediato por un coleccionista particular en Wisconsin, Estados Unidos, donde reside actualmente como un puente cultural entre la herencia ancestral del sur y el presente norteamericano.