Esta pieza de gran formato materializa una visión onírica de la artista de 1997. Siendo una de las pocas obras que se conservan de su producción temprana, la obra presenta una perspectiva aérea vertiginosa donde un árbol de proporciones colosales domina un paisaje reducido a una escala mínima. Una obra fundamental que marca el inicio de su exploración del inconsciente y el simbolismo de la naturaleza, actualmente conservada como pieza histórica de su colección personal.
Acrílico sobre lienzo
100 x 150 cm
1997
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• «Cuadro de un sueño» representa una de las exploraciones más profundas de la artista en el terreno del inconsciente y la fenomenología onírica. Esta pieza, un acrílico sobre lienzo de gran formato (150×100 cm), es una de las pocas obras que se conservan de su producción del año 1997. Al ser una creación de su juventud temprana, la obra funciona como un documento histórico y emocional de su evolución artística, cargada de la frescura y la audacia propias de sus primeros años de búsqueda estética. • La génesis de la obra es fascinante: no surgió de la observación del mundo exterior, sino de una visión onírica vívida. La autora soñó que asistía a una exposición de arte donde este cuadro ya se encontraba exhibido; al despertar, la urgencia creativa la impulsó a materializar la imagen, primero en un boceto de acuarela y finalmente en el lienzo definitivo, respetando la escala monumental que había visualizado en su sueño. • La composición desafía las leyes de la perspectiva tradicional, situando al espectador en una vista aérea o «de pájaro». El protagonista es un árbol preponderante de dimensiones colosales que se eleva sobre un paisaje que queda reducido a una escala mínima en la base del cuadro. Esta desproporción deliberada invita a una lectura simbólica sobre la fuerza de la naturaleza y la jerarquía de los seres vivos. • Al ser una obra surgida del dictado del inconsciente en una etapa tan temprana de su carrera, «Cuadro de un sueño» posee una mística especial. La técnica del acrílico permitió plasmar la intensidad de esa visión original con una fuerza que ha resistido el paso del tiempo. Esta pieza marcó el inicio de una serie de exploraciones oníricas, seguida posteriormente por «Cuadro de un sueño II». Conservar esta obra de 1997 permite apreciar el puente entre la intuición simbólica de su juventud y la maestría técnica desarrollada en las décadas posteriores.